miércoles, 9 de mayo de 2018

A flor de ti la sonrisa

“Estoy muy feliz”, era el mensaje de su whatsapp. La carita mostraba una sonrisa pícara.
Todo está bien entonces, me dije. Los latinoamericanos relacionamos la sonrisa con la felicidad.

Pero esto no es universal. En Indonesia, la sonrisa no solo corresponde a la felicidad, como lo mostraron aquellas intercambiadas en 2002 por un terrorista que había causado numerosas víctimas con una bomba, y sus captores. Éstos querían mostrarle al público que estaban respetando los derechos del prisionero, y el terrorista simplemente retornaba las sonrisas.  Los diarios del país no registraron nada en particular, salvo el escándalo que había ocasionado en occidente, que interpretaba lazos inexplicables entre el criminal y la policía.
Imagen: Duke University Repository

La sonrisa no  ha sido comprendida siempre de la misma forma. Los ingleses de la era victoriana la consideraban indecente, incluso violenta, dice el estudioso de la sonrisa en la pintura, Angus Trumble. La sonrisa aparece poco en cuadros de la época, no solo porque los dientes son difíciles de representar, sino porque la gente tenía muy mala dentadura.

Lo mismo ocurre en las fotografías. Se recuerda la sonrisa de Franklin Delano Roosevelt, pero menos la de sus antecesores en la presidencia de los Estados Unidos quienes, si bien habían tenido buenos dientes en su juventud, no los habían conservado por mucho tiempo. La odontología estética estaba poco desarrollada.

Se han gastado muchas páginas describiendo la misteriosa sonrisa de  Mona Lisa. Según Trumble, el enigma es más sencillo de lo que parece. Lisa Gherardesca era la joven esposa de Francesco del Giocondo. El cuadro se inscribe en la tradición de los llamados retratos de matrimonio,  y el tema está tratado con el debido decoro,  sin dejar de jugar con el apellido del marido, que significa ‘contento’ o  ‘feliz’.

Hay indudablemente muchos tipos de sonrisa: la sonrisa socarrona, la sonrisa irónica, la sonrisa seductora; ellas apuntan a la voluntad de exhibir una expresión, más que al sentimiento. El foco está puesto en el otro y no en uno mismo, como si la cámara mostrara no nuestra sonrisa, sino el efecto que esta produce. A veces sonreímos obedeciendo a la necesidad de ocultar nuestros sentimientos. En una época complicada, una psicóloga me hizo ver que yo le podía contar  sonriendo  los momentos más infelices de mi vida.

Recuerdo algunos años atrás cuando por primera vez caminaba Montevideo. Era el fin de la dictadura.  Me sorprendían las caras largas, deprimidas. Los ojos miraban al piso. Yo venía del Caribe, de un país que en ese entonces era feliz. Habíamos vivido en democracia desde hacía años y nos sentíamos seguros del futuro. Cuando todavía encuentro caras así, me digo, ¿no hay nada que los haga sonreír? A veces sonrío  y recibo una sonrisa de respuesta.

Cuando se sonríe se produce un enganche de lo conocido, de esperanza, de seguridad en el hoy, quizás aún en el mañana. Eso es lo interesante: la relación expresión facial y la emoción. A partir de los experimentos con monos, el  investigador italiano  Rizzolatti  notó que había un sistema reflejo que hacía que éstos imitaran la expresión que veían en las personas que los cuidaban.

El mismo comportamiento se ha estudiado en los humanos. Uno de los expertos en expresiones faciales, Paul Ekman, observó en los años ochenta que él y su equipo se sentían muy mal cuando hacían gestos que expresaban tristeza y desesperación. De la misma manera, cuando vemos sonreír a alguien y correspondemos, incluso interiormente, a su sonrisa, nos sentimos mejor. La sonrisa genera una serie de respuestas en nuestro sistema nervioso que nos acerca al otro. Al parecer, las neuronas espejo son las responsables de crear empatía, es decir, de replicar el sentimiento que observamos.

La sonrisa sincera y amable muestra buena voluntad entre quienes se encuentran e intercambian una comunicación. En cierto modo, la sonrisa le muestra a los demás que estamos felices y seguros de nosotros. Señala que pisamos terreno conocido.  Si sonreímos, nos convencemos de que estamos bien. Doble ganancia, le aseguramos a los demás de que el terreno es firme y nos aseguramos de que estamos en control de la situación.

 Dale Carnegie tiene el  sonreír como uno de los principios de su famoso libro “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas”, pero recomienda una sonrisa franca y  genuina, no una sonrisa postiza. Según el autor, la sonrisa es la manera más fácil de hacer una buena impresión: no lo es ni el vestido, ni el peinado, ni las alhajas. Es la actitud, lo que hace que tengamos enganche o rapport.

Cuando alguien comienza a reír en un ómnibus, o en un auto,  contagia a los demás. Lo hacen los payasos que hacen reír a los niños en los hospitales, porque los relaja de las preocupaciones y de sus miedos. Los miedos se relacionan con el caos, con las situaciones desconocidas. Lo conocido nos hace sonreír y nos genera confianza.

Si no tienes ganas de sonreír, simplemente sonríe, dice Carnegie. Al regular la acción también se regula la voluntad y el sentimiento que va con ella. Debes disfrutar de conocer gente si quieres que ellos disfruten estar contigo. (You must have a good time meeting people if you expect them to have a good time with you). A instancias de Carnegie, un ejecutivo que tenía fama de malhumorado decidió un día mirarse al espejo y sonreír: lo hizo al desayunar con su mujer que no solo se sorprendió sino que quedó desconcertada, impresionada, por la nueva imagen de su marido.

Los chinos dicen que un hombre sin una sonrisa en los labios no debe abrir un negocio. Lo mismo puede aplicarse a todo aquél que quiera tratar con los demás, tanto en el trabajo, como en la calle y en el hogar. No puedo dejar de recordar las “Coplas al amor viajero” de Andrés Eloy Blanco: “Ya pasaste por mi casa, a flor de ti la sonrisa. Fuiste un ensueño de gasa, fuiste una gasa en la brisa”.



1 comentario:

Dignas, pero de pie

El ómnibus se detuvo cuando nos vio caminando apresuradamente; no podíamos correr. Todavía estábamos lejos. Mi hija empujaba el cochecito d...