lunes, 23 de abril de 2018

Incomunicación

Los veo en el viejo mercado agrícola. Él, cuarentón, de pelo entrecano, buen físico. Ella, de pelo negro, lindos dientes, bella sonrisa. Cita interesante, me digo, aunque sea mediodía.
Mientras pedimos unas cervezas artesanales y un fainá, una especie de panqueca de garbanzo heredera de la farinata genovesa y  crocante porque es  “de orilla”, y discutimos si la figazza engorda o no, me desentiendo de la novelita de la mesa vecina. Ahora, al primer sorbo, vuelvo a mirar.
Me desencanto: Ella escribe algo en el celular, él oye un mensaje. “The thrill is gone” diría BB King. Mi amiga Carmen Luisa explicaría que el “enganche” del discurso se interrumpió;  Deborah Tannen, suspiraría: ya no hay rapport.
Me ocurre cada vez que veo que los celulares están puestos sobre la mesa como las pistolas del lejano oeste, prestos para tirar del gatillo. O cada vez que el visitante esperado, sea hijo, nieto o amigo, se  arrellana  en el sofá y saca el arma de la comunicación.
La pistola de Motorola que se cierra como un celular
Se acaba la emoción, la tensión necesaria para el acercamiento. La mirada se desvía de los ojos del otro y con ello se cierra la compuerta del fluir discursivo. Mi marido me mira desde el sillón, desconcertado. La conversación se vuelve entrecortada, distraída. La emoción del toma y daca se acaba. Las pausas sustituyen a la respuesta ágil y divertida. La sonrisa atontada se pega cual máscara de goma en la cara del visitante.
Hay normas legales: no debe prenderse el celular en los hospitales. Se podría dañar, con las ondas del teléfono, los aparatos de uso clínico, además de ser agentes de contaminación bacteriana, lo cual no nos concierne aquí.  En los aviones se podrían producir interferencias electrónicas o electromagnéticas durante el viaje. En general, los aparatos tienen la forma “modo de vuelo” para evitar accidentes aéreos. En los automóviles hay maneras de comunicarse a través de una instalación a propósito, de modo que el conductor pueda hablar sin poner en peligro el tránsito.
En 2007 se creó el concepto del “phubbing”, (de “snubbing” ‘menospreciar’ y “phone” ‘teléfono’) para el hecho de ignorar a la persona con la que se está conversando por mirar, aunque sea rápidamente, los mensajes o redes sociales. Alfredo Avalos (@Vive_USA) ha señalado que los psicólogos indican que se puede dañar las relaciones interpersonales porque se interrumpe la interacción de persona a persona. La gente encuentra que la conversación fue menos satisfactoria, y se siente menos conectada. Las víctimas del phubbing se sienten aislados y con baja autoestima.
Los manuales de cortesía más actualizados -antes no había celulares- prohíben su uso en los teatros o en las salas de concierto, en el templo y en las funerarias y cementerios. Asimismo, proscriben el uso de los mismos desde el momento en que se entra en la casa o en la oficina del visitado.
Hay emergencias, claro está. En ese caso, debería anunciarse que hay un hijo enfermo  o que un pariente está a punto de cruzar la frontera a pie. En estos casos, debe ponerse el teléfono en vibración y, cuando entre la llamada, levantarse e ir hacia algún lugar donde no moleste a los demás con su conversación. Es de rigor hablar en voz baja.
Si no se espera una comunicación urgente, no hay excusa para sacar el teléfono, o para atenderlo si se nos olvidó apagarlo. Sobra mencionar que cualquier otro uso del celular, para revisar el correo, mirar las redes sociales o jugar juegos en la casa o la oficina del visitado es de mal gusto.
Los encuentros son intercambios de comunicación, pero también de energías y afectos.  Si valoramos la interacción que se produce en ellos, tratemos de mantener la tensión mientras ocurre, aunque se acorte la visita si tenemos algo pendiente, pero no hagamos de ella un episodio desabrido y desleído. Disfrutemos de los amigos cuando estemos con ellos.

4 comentarios:

  1. Excelente y actualizadísima esta última entrada en el blog. Mis respetos estimada profesora. Normas que conocemos bien y que solemos pasarlas por alto cada vez que podemos por aquello de "solo es un momentico" o "escucha esto" intentando involucrar a nuestro interlocutor en una interacción que le es ajena.

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    1. Gracias. Creo que las llamadas son inevitables, pero entonces el escucha podría disculparse y alejarse del sitio donde se lleva a cabo la conversación, para no interrumpir. No estoy libre de culpas, pero reconozco que es algo que molesta muchísimo y distorsiona los encuentros.

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  2. No sabía qun existía el término phubbing, es tal cual! Me encantó!

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    1. Me lo explicó recientemente un amigo. El término es viejo, pero es tal cual, desairar o menospreciar a alguien por el uso del teléfono.

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