domingo, 11 de marzo de 2018

El territorio

La imagen es de National Geographic España

Si la imagen es sagrada, como dice Durkheim en Formas elementales de la vida religiosa, también lo es su territorio, su templo. La entrada al templo está regulada por ciertas rutinas, como quitarnos el sombrero, el velo en la cabeza, la inclinación hacia la divinidad, el silencio respetuoso. Del mismo modo hay reglas para entrar en el templo privado.
La visita es una intromisión en el espacio privado. Este espacio puede ser la casa, el apartamento, la oficina o el cubículo. Es una intrusión también en el tiempo, porque de rigor debemos dedicarle a la visita nuestra atención y nuestro tiempo desde que llega hasta que se va.
El visitante debe anunciarse por cualquier medio a su disposición: teléfono, email, mensaje de texto. Elemental es esperar una respuesta favorable de que la persona a cargo del espacio visitado está dispuesto a recibirnos.
Hay regiones en las que la visita de la persona de confianza, léase familia o amigo íntimo, no requiere de anuncio, como en los Andes venezolanos. Sin embargo, se trata de esos amigos-hermanos cuya presencia no es una complicación, sino una ayuda. En el Páramo, por ejemplo, los visitantes llevan pan dulce, unos huevos, o leche fresca a las casas que los reciben a diario. Otras visitas más extendidas requieren de un “tiempo sagrado”, como el de la Semana Santa, o la Navidad.
Carreño proponía horarios de visita: después de las cinco de la tarde, la familia podía suponer que iban a llegar los visitantes y debía vestirse para ello.  En la mañana, la casa estaba dedicada a la limpieza, la preparación de las comidas, las compras, etc.
En estos tiempos, los horarios han perdido su nitidez, porque también se han diluído en gran medida los límites entre el lugar de trabajo y el hogar. Los teletrabajadores necesitan su espacio y su tiempo para lograr completar sus tareas. Esto ocurrió siempre con las casas donde se hace vida académica. Los profesores trabajan los fines de semana  en preparar sus cursos, de modo que el respeto al tiempo y al espacio privados son de rigor.
La visita es una intrusión limitada. Por ello es recomendable no quedarse demasiado tiempo, a menos que hayamos sido invitados a ello de antemano. Si se llega poco antes de la hora de las comidas, se pone al dueño de casa en el aprieto de tener que invitar a comer al visitante, lo cual a veces le significa un sacrificio y  le entorpece su rutina. No proponga esas horas de visita, a menos que el dueño de casa lo invite expresamente a almorzar, o cenar, o merendar. En Francia se acostumbra incluso a invitar al aperitivo de antes de la comida, con lo cual se sobreentiende que usted debe irse al finalizar este obsequio.
También hay restricciones con respecto al espacio. Las casas de habitación y los apartamentos tienen una sala dedicada a las visitas. Las oficinas ofrecen sillas a los visitantes, quienes nunca ocuparán el sillón del escritorio. La intimidad permite llegar a la cocina, si se es invitado a ello. Entrar a los dormitorios es cuestión delicada, puesto que es el lugar más íntimo de la persona. La estrechez de espacios de la modernidad hace que los niños tengan en el dormitorio su lugar de juego, por lo que sus amigos son bienvenidos.
La visita inoportuna puede encontrarse o con una mala cara, o con una escoba detrás de la puerta; incluso podrán ver en la puerta una figurita de San Silvestre. En todo caso, hay que hacerle entender cortés pero firmemente al visitante, que su presencia no es bienvenida y que debe respetar las reglas de los rituales sociales de la comunidad.



3 comentarios:

  1. Interesante, aunque todas estas normas van cambiando mucho... Imagino que cuando hablas de "Los Andes venezolanos" te refieres a Mérida. No sé cuál es la situación de San Cristóbal. Pero en el Trujillo que recuerdo, las normas de visita eran estrictas incluso entre amigos muy cercanos. También había una gran diferencia entre las zonas rurales y las urbanas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me refiero a Mérida, que es la zona que conozco. Entiendo que hay que diferenciar.

      Eliminar
  2. Interesante, aunque todas estas normas van cambiando mucho... Imagino que cuando hablas de "Los Andes venezolanos" te refieres a Mérida. No sé cuál es la situación de San Cristóbal. Pero en el Trujillo que recuerdo, las normas de visita eran estrictas incluso entre amigos muy cercanos. También había una gran diferencia entre las zonas rurales y las urbanas.

    ResponderEliminar

Dignas, pero de pie

El ómnibus se detuvo cuando nos vio caminando apresuradamente; no podíamos correr. Todavía estábamos lejos. Mi hija empujaba el cochecito d...