miércoles, 7 de febrero de 2018

La imagen, portada y frontera

La imagen es la portada de la persona y la frontera de nuestro grupo.
Imagen de Google Arts & Culture
Es lo que vemos, oímos, sentimos: la información sobre quiénes somos, hecha pública.  La imagen es  expresión,   gestos,  voz;  lo que decimos y también cómo nos vestimos, nos peinamos, nos presentamos físicamente al mundo.
En las últimas presidencias norteamericanas hemos visto cómo las primeras damas hicieron de su vestido una declaración, una forma de mensaje implícito, una manifestación de cómo querían ser vistas por el público. Mientras Michelle Obama prefirió a los modistos norteamericanos, Melania Trump parece inclinarse más por la moda europea, especialmente por el clásico Dior. Con ello quizás dan una idea de sus orígenes, pero también  establecen a través de la ropa un diálogo con el público, con sus partidarios y con sus críticos.   
La imagen es importante cuando se va a una entrevista de trabajo. Hay que parecer “un ejecutivo” si se quiere un empleo en un banco, que normalmente es una empresa tradicional, mientras que Apple o Google, pueden preferir una imagen más relajada  y original.
Es importante cultivar la relación entre la imagen y la moda. Si bien no es recomendable seguir todos los dictados de lo “in”, no está mal adecuar la vestimenta, el peinado y el maquillaje a las tendencias del momento, para no parecer de otro siglo. Esa es la estrategia de quienes quieren verse jóvenes. Los vestidos del siglo pasado, los peinados abombados y con mucha laca se ven hoy anticuados.
Esa es también una de las fuentes de conflicto en la familia.
La identidad de grupo se construyen en una medida importante a través de la imagen física. Por ello, los adolescentes —de por sí muchas veces inseguros— tienden a ser tan vehementes cuando se trata de defender una imagen aceptada por su grupo de amigos.
Los adultos suelen tener opiniones diferentes y, muchas veces, quieren imponer sus gustos. A mi modo de ver, si bien es cierto que son buenas las sugerencias, lo mejor es llegar a acuerdos conversando.
Porque la imagen es co-construída. No solo se compone de lo que proyectamos, sino lo que se refleja en los ojos y la sonrisa de los demás. Por ello, del diálogo entre padres e hijos pueden surgir aportes interesantes: más juventud para los viejos y un poco más de armonía para los jóvenes.

Manuel Antonio Carreño, autor del Manual de urbanidad y buenas maneras, tan famoso en nuestro continente, juzgaba fundamental a la armonía en la conducta. Armonía consigo mismo y con la sociedad, con el momento que se vive y con lo que nos rodea. Es útil encontrar un punto de equilibrio que no nos haga invisibles, pero tampoco tan llamativos que nos volvamos insufribles para  los demás.  

2 comentarios:

  1. Tú dices "Es útil encontrar un punto de equilibrio que no nos haga invisibles, pero tampoco tan llamativos que nos volvamos insufribles para los demás". Ese punto justo es muy difícil porque circulamos por muchos medios donde el mismo mensaje será interpretado de manera diferente.

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