viernes, 2 de febrero de 2018

Cortesía y comunicación

La cortesía es una forma de comunicación lograda,  exitosa. Los participantes en este tipo de comunicación comparten la sensación de estar jugando al mismo juego, el de ser corteses, el de pertenecer a un mismo grupo, aquel de la gente que entiende ciertas señales, ciertas normas.
 Las personas sienten no solamente que están usando un lenguaje que todos comprenden, sino que, además, hay una comunicación sensible, emocional. Se sienten cómodos. La cortesía pertenece al plano de las relaciones humanas.
Supongamos que entro que entro a un restaurante y un amigo me ayuda a librarme del abrigo y me acerca una silla para que me siente. Sonrío y le doy las gracias. Él dice:    —“de nada”, y se sienta a su vez. Si esto ocurre  es porque hemos logrado una comunicación, una complicidad.  Ambos fuimos corteses, tanto él por su gentileza como yo  por habérsela agradecido.
En el teatro, en los conciertos, vemos que los actores, o los ejecutantes, al finalizar su actuación se acercan al público, sonríen, hacen una reverencia y salen del escenario. El público sigue aplaudiendo, y los ejecutantes repiten una y otra vez este pequeño ritual. Se trata de una rutina de cortesía. El público elogia su trabajo, ellos agradecen el elogio. Pero solo por un momento, porque quedarse en el escenario querría decir que piden más aplausos y eso no sería apropiado. Por lo tanto hacen la mueca de salir y volver a entrar respondiendo a la insistencia del público, hasta que esta deja de sentirse y se van.
 La cortesía es una  comunicación lograda porque es un   proceso recíproco en que las personas participan activamente. Los participantes en la situación comprenden lo que se dice y entienden ciertos elementos como señales de cortesía: saben que cuando alguien les alaba su camisa  y ellos responden que está a la orden, no necesariamente están obligados a regalársela.
Además, miden las relaciones existentes ente ellos, reconocen la cercanía o el respeto que le deben al otro. Comprenden el contexto en el que se encuentran. Saben que están jugando un juego: el juego de la cortesía.
Ahora bien, ¿qué significa que jugamos un juego? Cuando los niños dicen: —“Yo era el policía y tú eras el ladrón”,   se produce  un acuerdo mutuo que los convierte  en  sujetos  de  un  mundo diferente  de  la  realidad.  Tanto  el  acto verbal de la designación, como el tiempo pretérito del enunciado, son las claves que determinan esta transformación. De la misma forma, cuando le regalamos un ramo de rosas a la dueña de  casa que nos ha  invitado,   o  esperamos  su  indicación para pasar adelante, entramos en el juego de la cortesía.


Magritte: Madame Recamier
Imagen de artclasscurator.com
Magritte: Madame Recamier

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